Todos los jugadores, principiantes o no, tienen aunque sea una mínima duda a la hora de efectuar una apuesta. Aquí te planteamos algunas situaciones y sus posibles opciones convenientes.
Cuando hayas formado una jugada, hazlo: apuesta. Si la mano es AK5, apuesta con un posible KQ y puedes lograr que más de uno renuncie. En el caso de que algún oponente pida que muestres las cartas para comprobarlo, es cuando viene la decisión más difícil y debemos apelar a nuestro análisis previo del comportamiento de ese contrincante: es decir, si los sucesos nos dan indicios de que se puede retirar, debemos continuar apostando; si hemos notado que es de aquellos que pide que se muestre la mano con una posible jugada superior, podemos someterlo a prueba para ver si continúa apostando.
Si lo igualas, pero no es por ejemplo, una pareja mayor, ten en cuenta: si el otro es sumamente arriesgado, puedes pedirle que descubra sus cartas. Si en cambio lo has notado del tipo de oponente pasivo, lo recomendable es que renuncies. Debes descubrir dónde está en la apuesta. Si solamente pides que se descubran las cartas todo el tiempo, tendrás un total de cinco apuestas pequeñas. Si levantas y tu oponente regresa, es recomendable que debas renunciar y te ahorres dos apuestas pequeñas. Pero sólo toma estas decisiones si has notado que tu rival es de lo más pasivo.
Si tu oponente solicita que descubras tus cartas, haz nuevamente la prueba en base a la forma de jugar que hayas avistado, dependiendo de si crees que se retirará o no. Si lo haces pero tiene una mano mejor, considera que solamente te has salvado de dos apuestas en vez de una apuesta y una vuelta, y también una carta libre de la vuelta. En cambio, si tu oponente renuncia, agregas una apuesta de más, para ver otro naipe.
Siempre debes estar al tanto y controlar el número de outs. Este cálculo siempre es X2 + 2. Con lo cual, si divides el pozo por esa cifra y la apuesta es más pequeña, puedes pedir tranquilamente que descubran las cartas.
El momento de la apuesta es uno de los mejores para hacer faroles. Sobre todo cuando eres quien tiene el turno de levantar antes de ella. Por ejemplo, levantas un QJ. Cara arriba con apuesta de A83. Apuesta sin vacilar si tu rival te prueba y pide que descubras las cartas. ¡Probablemente ninguno de los dos tenga nada!
Otra forma de farolear es apostar sin haber hecho antes una jugada que lo justifique, pero estos sólo funcionan en los niveles más elevados.











